miércoles, 4 de enero de 2017

TEMA 2

El primer tema introducía el contexto europeo de las lenguas extranjeras. Hablaba del multilingüismo del continente y de los problemas de integración de dichos países. También se introducía el documento principal al que se tiene que hacer referencia en dicho ámbito: el MCER. En dicho documento se recogían, entre otras cosas, las competencias lingüísticas que han de desarrollarse para hablar una lengua extranjera, así como los criterios usados para cada nivel de aprendizaje.
El segundo tema trata de llevar ese contexto europeo en el que se inserta el MCER al ámbito nacional y regional (español y gallego). Uno de los problemas fundamentales a los que se enfrentan a diario los docentes en los centros de enseñanza es el de llevar a la práctica las directrices teóricas del MCER a la realidad del proceso enseñanza-aprendizaje.
El primer gran problema al que nos enfrentamos es el problema del nivel. Según estimaciones realizadas por distintas instituciones de enseñanza de lenguas oficiales se tarda entre 900 a 1100 horas en pasar de un nivel a otro del MCER. Esto sin duda afecta al objetivo planteado por el MCER del plurilingüismo: ¿Cómo adquirimos una competencia de usuario independiente en varios idiomas dado el elevado número de horas necesario para adquirir dicha competencia? Si abordamos este problema desde el contexto de la ESO, podemos pensar en el escaso número de horas dedicadas a la enseñanza, por ejemplo, del inglés (3 o 4 horas semanales, dependiendo del curso y de la Comunidad Autónoma).
El objetivo del plurilingüismo planteado por Europa no se cumple en ningún caso en nuestro sistema educativo obligatorio pues, si bien se da la posibilidad al alumnado de cursar dos lenguas extranjeras en la ESO y Bachillerato, en muy pocos casos los alumnos consiguen salir del instituto con un nivel C y, en muchos casos, ni siquiera el nivel B.
Otros problemas a los que nos enfrentamos a la hora de conseguir en la práctica alcanzar los objetivos planteados son la metodología y la evaluación. Por un lado, nos encontramos en muchas ocasiones con profesores que siguen sin emplear métodos que favorezcan la interacción, aspecto clave en el uso de una lengua; por el contrario, muchos docentes siguen empleando métodos como el de gramática-traducción en el que abundan ejercicios de rellenar huecos y largas listas de vocabulario para memorizar, alejándose claramente de métodos más comunicativos recomendados por el MCER.
Por otro lado, seguimos comprobando que las pruebas para evaluar siguen en consonancia con lo expuesto anteriormente. Un ejemplo muy claro de ello son las pruebas de la Selectividad o PAU: durante el curso académico, se prepara a los estudiantes para una prueba escrita, sin ninguna prueba que mida las competencias orales del estudiante. Evidentemente, esto repercute claramente en la competencia lingüística del estudiante.

De lo expuesto hasta ahora, diría que el instrumento más eficaz para paliar el déficit de horas en los institutos es un cambio en la metodología; esto supondría hacer hincapié en las habilidades comunicativas necesarias a la hora de dominar una lengua extranjera. Del mismo modo, y relacionado con este punto, se tendrían que evaluar dichas competencias comunicativas no mediante pruebas escritas esencialmente gramaticales (no por ello innecesarias), sino complementándolas con exámenes en los que los alumnos demuestren sus habilidades de interacción oral.

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