En la tarea de enseñar lenguas extranjeras, los docentes
tienen que tener clara la distinción entre didáctica de las lenguas y
metodología. La didáctica, una ciencia en sí misma, se relaciona con los
procesos que intervienen en el desarrollo de la enseñanza y el aprendizaje; por
otro lado, la metodología está ligada a las técnicas particulares que pueden
ser utilizadas para llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Un ejemplo claro que ayuda a esclarecer la distinción entre
estos dos conceptos es la práctica docente. Intentaré ejemplificarlo con la
experiencia que, en mi caso, tengo dentro de las aulas. Aunque dicha
experiencia personal se limita a 100 horas de prácticas en aulas de Español
como Lengua Extranjera, creo que puedo sacar ideas interesantes. Mi objetivo es
reflexionar sobre los factores que influyen en el enfoque metodológico teniendo
en cuenta las diferencias existentes entre dos grupos para observar que, aun
empleando la misma didáctica de aprendizaje de lenguas (didáctica de las
lenguas extranjeras), la concreción de la misma en prácticas metodológicas
concretas es fundamentalmente distinta.
Por un lado, tuve la oportunidad de trabajar con estudiantes
universitarios procedentes en su mayoría de China y Estados Unidos. Por otro
lado, el resto de las horas las pasé en un aula de inmersión lingüística; estas
aulas están destinadas a alumnos emigrantes de secundaria que llegan a España
sin ningún conocimiento de la lengua y que necesitan aprender el español en el
periodo de tiempo más corto posible. La sensación principal que un alumno tiene
al terminar es la enorme diferencia en cuanto al enfoque metodológico y el
desarrollo de las clases atendiendo a la diferencia entre dos grupos tan
dispares.
En nuestra clase de “Didáctica de las lenguas extranjeras” se
ha comentado que a la hora de abordar el aprendizaje de una lengua la distinción
entre el tipo de didáctica que vamos a emplear es clave. Como ejemplo, se hizo
referencia al uso erróneo que ciertos profesores hacen de materiales típicos de
la didáctica de la lengua materna para enseñar una lengua extranjera. Pero lo
que queda claro cuando se tienen experiencias docentes es que, incluso cuando
empleamos el mismo tipo de didáctica (didáctica de las lenguas extranjeras en
este caso), las particularidades de cada grupo determinarán que abordemos
nuestras clases de maneras totalmente diferentes.
Paso ahora a abordar algunas de estas diferencias; por un
lado, el grupo de estudiantes universitario se caracterizaba por tener unas
características económicas y académicas muy homogéneas (estudiantes
universitarios procedentes de países desarrollados que van al extranjero y
pueden pagarse un curso de un año en dicho país para aprender la lengua). Por otro
lado, los estudiantes de las aulas de inmersión son alumnos procedentes de países
totalmente dispares y con características socioeconómicas y académicas muy
heterogéneas. Dentro del grupo de estudiantes universitarios existían incluso
diferencias claras entre los estudiantes estadounidenses y los asiáticos, en
cuanto a su motivación con ciertas actividades (más participativos en tareas de
interacción oral los primeros y más proactivos los segundos hacia actividades
de lengua más controladas); sin embargo, la gran ventaja metodológica que podía
encontrar en este grupo era la posibilidad de hacer uso de una gran cantidad de
estrategias de aprendizaje basadas en su conocimiento metalingüístico. De este
modo, con grupos de este tipo, el docente puede referirse de forma explícita a
términos como “uso pragmático”, “registro”, “colocación”, etc. Éstas y otras
características influyen claramente al preparar las clases, ya que las
actividades y el contenido de las explicaciones asumen que los estudiantes
conocen dichos conceptos.
Por otro lado, una de las características de grupos como los
de las aulas de inmersión es su nivel de lengua extranjera (casi nulo al
principio en la mayoría de los casos) y la gran diferencia entre ellos en
cuanto a sus estrategias de estudio y su competencia académica. Estos dos
factores implican que haya un elemento de personalización a la hora de diseñar
las actividades y de impartir el contenido inexistente en el caso del grupo de
universitarios. De este modo, a la hora de diseñar una sesión de clase o una
unidad resulta prácticamente imposible encontrar actividades que puedan ser
puestas en práctica para toda la clase, por lo que lo que se suele hacer en
situaciones así es dividir la clase en grupos para que cada uno trabaje con
materiales y contenidos distintos. La otra gran característica de estos alumnos
procede del hecho de que son estudiantes matriculados en las asignaturas de
secundaria, por lo que la enseñanza del español tiene que estar encaminada
también a satisfacer las necesidades lingüísticas que el estudiante tiene en
cada materia.
Estos dos ejemplos me han servido para confirmar en la
práctica lo que parece obvio cuando se estudia la teoría de la didáctica de
lenguas extranjeras. Factores como el tiempo, el nivel del alumno y sus
características socioeconómicas así como sus necesidades y objetivos tienen que
tenerse en cuenta. Por esa razón, aunque hablemos de didáctica de lenguas
extranjeras como un concepto unitario para diferenciarlo de la didáctica de la
lengua materna y de la didáctica de la segunda lengua, dentro de ella la
diversidad y complejidad en su práctica en el aula es tan compleja y
heterogénea como los alumnos mismos, lo que implica que el profesor tiene que
tener un dominio teórico y práctico de una gran cantidad de técnicas metodológicas,
con el objetivo de resolver de forma satisfactoria los desafíos didácticos que
surgen como consecuencia de la variedad con la que éste se encuentra día a día.

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