miércoles, 18 de enero de 2017

Clase del 11/1/2017

En la tarea de enseñar lenguas extranjeras, los docentes tienen que tener clara la distinción entre didáctica de las lenguas y metodología. La didáctica, una ciencia en sí misma, se relaciona con los procesos que intervienen en el desarrollo de la enseñanza y el aprendizaje; por otro lado, la metodología está ligada a las técnicas particulares que pueden ser utilizadas para llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Un ejemplo claro que ayuda a esclarecer la distinción entre estos dos conceptos es la práctica docente. Intentaré ejemplificarlo con la experiencia que, en mi caso, tengo dentro de las aulas. Aunque dicha experiencia personal se limita a 100 horas de prácticas en aulas de Español como Lengua Extranjera, creo que puedo sacar ideas interesantes. Mi objetivo es reflexionar sobre los factores que influyen en el enfoque metodológico teniendo en cuenta las diferencias existentes entre dos grupos para observar que, aun empleando la misma didáctica de aprendizaje de lenguas (didáctica de las lenguas extranjeras), la concreción de la misma en prácticas metodológicas concretas es fundamentalmente distinta.

Por un lado, tuve la oportunidad de trabajar con estudiantes universitarios procedentes en su mayoría de China y Estados Unidos. Por otro lado, el resto de las horas las pasé en un aula de inmersión lingüística; estas aulas están destinadas a alumnos emigrantes de secundaria que llegan a España sin ningún conocimiento de la lengua y que necesitan aprender el español en el periodo de tiempo más corto posible. La sensación principal que un alumno tiene al terminar es la enorme diferencia en cuanto al enfoque metodológico y el desarrollo de las clases atendiendo a la diferencia entre dos grupos tan dispares.

En nuestra clase de “Didáctica de las lenguas extranjeras” se ha comentado que a la hora de abordar el aprendizaje de una lengua la distinción entre el tipo de didáctica que vamos a emplear es clave. Como ejemplo, se hizo referencia al uso erróneo que ciertos profesores hacen de materiales típicos de la didáctica de la lengua materna para enseñar una lengua extranjera. Pero lo que queda claro cuando se tienen experiencias docentes es que, incluso cuando empleamos el mismo tipo de didáctica (didáctica de las lenguas extranjeras en este caso), las particularidades de cada grupo determinarán que abordemos nuestras clases de maneras totalmente diferentes.

Paso ahora a abordar algunas de estas diferencias; por un lado, el grupo de estudiantes universitario se caracterizaba por tener unas características económicas y académicas muy homogéneas (estudiantes universitarios procedentes de países desarrollados que van al extranjero y pueden pagarse un curso de un año en dicho país para aprender la lengua). Por otro lado, los estudiantes de las aulas de inmersión son alumnos procedentes de países totalmente dispares y con características socioeconómicas y académicas muy heterogéneas. Dentro del grupo de estudiantes universitarios existían incluso diferencias claras entre los estudiantes estadounidenses y los asiáticos, en cuanto a su motivación con ciertas actividades (más participativos en tareas de interacción oral los primeros y más proactivos los segundos hacia actividades de lengua más controladas); sin embargo, la gran ventaja metodológica que podía encontrar en este grupo era la posibilidad de hacer uso de una gran cantidad de estrategias de aprendizaje basadas en su conocimiento metalingüístico. De este modo, con grupos de este tipo, el docente puede referirse de forma explícita a términos como “uso pragmático”, “registro”, “colocación”, etc. Éstas y otras características influyen claramente al preparar las clases, ya que las actividades y el contenido de las explicaciones asumen que los estudiantes conocen dichos conceptos.

Por otro lado, una de las características de grupos como los de las aulas de inmersión es su nivel de lengua extranjera (casi nulo al principio en la mayoría de los casos) y la gran diferencia entre ellos en cuanto a sus estrategias de estudio y su competencia académica. Estos dos factores implican que haya un elemento de personalización a la hora de diseñar las actividades y de impartir el contenido inexistente en el caso del grupo de universitarios. De este modo, a la hora de diseñar una sesión de clase o una unidad resulta prácticamente imposible encontrar actividades que puedan ser puestas en práctica para toda la clase, por lo que lo que se suele hacer en situaciones así es dividir la clase en grupos para que cada uno trabaje con materiales y contenidos distintos. La otra gran característica de estos alumnos procede del hecho de que son estudiantes matriculados en las asignaturas de secundaria, por lo que la enseñanza del español tiene que estar encaminada también a satisfacer las necesidades lingüísticas que el estudiante tiene en cada materia.


Estos dos ejemplos me han servido para confirmar en la práctica lo que parece obvio cuando se estudia la teoría de la didáctica de lenguas extranjeras. Factores como el tiempo, el nivel del alumno y sus características socioeconómicas así como sus necesidades y objetivos tienen que tenerse en cuenta. Por esa razón, aunque hablemos de didáctica de lenguas extranjeras como un concepto unitario para diferenciarlo de la didáctica de la lengua materna y de la didáctica de la segunda lengua, dentro de ella la diversidad y complejidad en su práctica en el aula es tan compleja y heterogénea como los alumnos mismos, lo que implica que el profesor tiene que tener un dominio teórico y práctico de una gran cantidad de técnicas metodológicas, con el objetivo de resolver de forma satisfactoria los desafíos didácticos que surgen como consecuencia de la variedad con la que éste se encuentra día a día. 

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