Las lenguas extranjeras tienen una enorme importancia en el
ámbito educativo desde hace varias décadas. Los factores que determinan el gran peso de las lenguas extranjeras en el
currículo de la enseñanza obligatoria y en la enseñanza no obligatoria son en
gran medida económicos. De este modo, basta pensar en el caso de la enseñanza
del inglés: la mayoría de hablantes de inglés en el mundo son hablantes no
nativos, debido a su rol de lengua internacional de los negocios. El inglés es
la lengua de mayor uso en el mundo de la empresa, la economía, Internet y
cultura global (pensemos por ejemplo en la cantidad de música que escuchamos y
que es símbolo de un mundo globalizado sin barreras); podríamos decir que, de
hecho, el inglés es el idioma del mundo globalizado. Debido a lo comentado
anteriormente, queda clara la relevancia del inglés en el mundo académico,
tanto en las enseñanzas obligatorias como en escuelas oficiales de idiomas o en
academias privadas. En situación parecida a la del inglés encontramos el caso
del alemán en el ámbito europeo, o el español, gracias a los numerosos países
latinoamericanos y a su importante peso en la economía del continente
americano.
Otra de las razones para estudiar lenguas extranjeras es el
afecto que se puede sentir por una cultura concreta; hay personas que aprenden
un idioma porque quieren irse de vacaciones a un país o región, o porque
quieren acercarse a su literatura, entre otras razones. A modo de ejemplo,
podemos estar muy interesados en la figura de Petrarca y en la literatura
renacentista italiana y, como consecuencia, decidimos apuntarnos a la escuela
de idiomas para aprender a leer en italiano a dichos autores. En la mayoría de
las lenguas minoritarias son razones como estas las que impulsan a una persona a
estudiar dicho idioma.
Cuando abordamos el tema lingüístico en el ámbito europeo
tenemos que hacer referencia al contexto económico y social en el que nos
encontramos. De este modo, cabe señalar que la Unión Europea se constituyó
desde un principio por países con muchas diferencias entre sí, lingüísticas y
no lingüísticas. Este proceso de unión de pueblos diversos entre sí ha generado
problemas a la hora de gestionar dicha diversidad. Como ejemplo claro podemos
citar las tensiones económicas existentes entre los países del sur de Europa y
los del norte, o la reciente salida del Reino Unido de la Unión Europea. Una
cuestión que se debate hoy en día es la repercusión que esto puede tener en una
de las fortalezas que presuponía la Unión: la movilidad y libre circulación.
Como ejemplo de esto, pensemos en un programa europeo relacionado con el tema
que nos ocupa, el de las lenguas: el programa Erasmus. Dicho programa ejerce
como un instrumento de intercambio cultural y lingüístico enorme, ya que miles
de estudiantes llevan consigo sus lenguas y culturas a otros países.
De lo expuesto anteriormente queda clara la importancia del
aprendizaje de lenguas extranjeras en nuestro entorno. Tanto si nos movemos en
el contexto europeo como si lo hacemos en un contexto internacional, el manejo
de lenguas extranjeras es indispensable por razones económicas, sociales y
culturales.
El aprendizaje de lenguas es, como hemos dicho, esencial en
el ámbito de la política lingüística europea. En consecuencia, uno de los
documentos al que habrá que mencionar es el MCER (Marco Común Europeo de
Referencia para las Lenguas). Dicho documento intenta ser un instrumento de
integración para los distintos países europeos. Para ello, el MCER da unas
indicaciones generales en cuanto a las competencias que se han de desarrollar
para aprender una lengua extranjera. Asimismo, dicta los criterios que se
tendrán en cuenta para comprobar que se han alcanzado los distintos niveles de
competencia lingüística: A1, A2, B1, B2, C1, C2.

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