miércoles, 22 de febrero de 2017

La metodología CLILL

La sesión nos ha servido para conocer las principales características de la metodología CLILL. Como en casi todo, el método tiene sus defensores y sus detractores. Mi opinión personal acerca de todo el proceso docente es bastante estable y lo aplico a casi todos los aspectos: el factor principal de cualquier método o práctica educativa es el profesor. Para mí, el caso de CLILL no es diferente.
Si analizamos de manera teórica las supuestas ventajas de CLILL, creo que nadie se opondría a su implantación: ¿cómo no va a ser bueno aprender cualquier disciplina en otro idioma?, ¿cómo vamos a descartar la posibilidad de practicar el inglés fuera del aula de lenguas extranjeras, dando al estudiante la oportunidad de exponerse a más horas de input lingüístico?, ¿cómo va a ser negativo que los estudiantes participen activamente en su propio proceso de aprendizaje, negociando los contenidos y las tareas con el profesor y formulando sus propios métodos? Creo que casi todos estamos de acuerdo en las ventajas que a priori ofrece CLILL.

Sin embargo, como dije antes, lo que parece una maravilla en la teoría se encuentra con grandes dificultades en la práctica. Creo que las habilidades del docente para implementar CLILL es lo que en última instancia hará el método útil o inútil. La primera habilidad que el docente tiene que cumplir es el dominio de la lengua en la que se impartirá la asignatura. Aunque se dice que lo más importante es la fluidez por encima de la corrección gramatical, considero que el input que ha de ofrecerse a los estudiantes tiene que ser de calidad; creo que si, por ejemplo, los profesores de CLILL tienen carencias evidentes en la pronunciación, los alumnos terminarán reproduciendo lo que han escuchado, por lo que el progreso en su competencia lingüística no se producirá. De este modo, creo que el nivel que se pide a los profesores de CLILL no es lo suficientemente alto, en mi opinión.


Otro objetivo que se persigue es el de la responsabilidad y autonomía del estudiante en su propio proceso de aprendizaje. Así, la metodología se parece al enfoque por tareas, en el que la negociación de contenidos y prácticas es compartida entre el profesor y el alumno. En caso de que el alumnado no posea dichas habilidades, ¿está capacitado el profesor para dar la clase en un buen inglés, lograr los objetivos de la asignatura en cuestión y fomentar en el estudiante dicha disciplina de trabajo autónomo, todo al mismo tiempo? Si el profesor consigue hacer todo esto, el método tiene sus evidentes ventajas, pero, en caso de que el docente no logre estos tres objetivos, creo que es mejor apostar por enfoques menos innovadores pero que pueden dar mejor resultado, tanto a la hora de enseñar la lengua extranjera como de lograr los objetivos de las demás asignaturas. 

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