La evaluación es una de las prácticas docentes más
importantes a lo largo de un curso académico; ésta permite al alumno ser
consciente de su progreso y, si se hace correctamente, puede darle pistas para
saber cómo puede mejorar los resultados en el futuro. En clase hablamos de
alguno de los problemas más comunes en la evaluación: el feedback que se da en las pruebas de expresión oral, la carencia en
muchas ocasiones de criterios de evaluación y la penalización de errores
gramaticales desde un nivel muy básico.
Casi todos estamos de acuerdo en que las pruebas de
expresión oral producen una ansiedad importante en los estudiantes; se sienten
inseguros ya que no conocen de antemano las preguntas o los temas que les
pedirán. Aparte de este factor, también saben que dicha destreza no es la más
practicada en clase, por lo que sus habilidades orales no están tan
desarrolladas. Esto se nota cuando los alumnos tienen que interactuar con el
examinador, en donde se nota una falta de naturalidad en la comunicación. Teniendo
todo esto en cuenta, creo que la manera de evaluar dicha prueba puede tener
mucha relevancia a la hora de quitar o aumentar la presión en el alumno; en las
clases hay profesores que corrigen sistemáticamente los errores gramaticales y
de pronunciación de los estudiantes, incluso cuando su mensaje se comprende
perfectamente; esto interrumpe la fluidez del estudiante y le resta confianza a
la hora de expresarse: creo que una solución más eficaz es la de proporcionar feedback al final de las intervenciones de
los alumnos, reforzar los puntos fuertes de dichas intervenciones y analizar
los errores para buscar maneras de resolver los dichos problemas. Por ejemplo,
si notamos que el estudiante tiene problemas al pronunciar algún sonido en
particular, trataremos dicho error mandándole ejercicios de pronunciación
específicos sobre ese punto en cuestión. Creo que esa es una manera más eficaz
de tratar el error que interrumpiendo al alumno para que repita el sonido
correctamente.
Otro punto importante es la penalización de los errores gramaticales
desde un nivel muy básico; de nuevo, esto tiene su importancia ya que se pone
en foco en la corrección gramatical y no en la comunicación. Esto no quiere
decir que la corrección gramatical no sea importante: aquí pienso en profesores
que son capaces de suspender redacciones por errores como no poner la –s de
tercera persona, por ejemplo (evidentemente, aquí también habrá que tener en
cuenta el nivel en el que nos encontramos); lo que está claro es que, si
hacemos una evaluación en la que se ponga el foco en la comunicación, la
corrección gramatical tiene que ser un punto a tener en cuenta, pero no tiene
por qué ser el punto con más peso, sobre todo en los niveles iniciales, en
donde tendremos que ser aún más flexibles con el error.

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